lunes, 16 de septiembre de 2013

Tema 2: LA PREHISTORIA Y LA EDAD ANTIGUA



2.1.- EL PROCESO DE HOMINIZACIÓN  EN LA PENÍNSULA IBÉRICA: NUEVOS HALLAZGOS
Durante el Paleolítico (2 millones de años – 8.000 a C.) tuvo lugar la consecución de formas anatómicas y de capacidades intelectuales (éstas podrían resumirse en el aumento de la masa craneal, una mejor desarrollo del feto y la adquisición de elementos comunicativos y de elaboración de útiles que permitieron cambiar su existencia vital)  por cierto grupo de homínidos, cuyos restos, especialmente los encontrados en Atapuerca nos permite afirmar que el primer poblamiento humano en la Península Ibérica data de hace 1.200.000 años. En el los primeros seres del género Homo llegaron a Europa desde África (aunque otras tesis defienden una llegada desde Asía) durante el período geológico que se caracterizó por la sucesión de cuatro glaciaciones.
Dentro del Paleolítico, los hombres son recolectores y cazadores, simples parásitos o depredadores que toman lo que la naturaleza ofrece, viven de la caza, la pesca, el marisqueo, la recolección y la carroña, fabrican utensilios de piedra (industria lítica) mediante percusión o presión. Este período se puede dividir en tres grandes períodos que reflejan este proceso evolutivo:

Paleolítico inferior: (1.200.000 años – 250.000 a C.). Vive al aire libre, es nómada, caza pequeños animales. Destacan los yacimientos de Atapuerca (Burgos) con restos de 1.200.000 años de antigüedad -Homo Antecessor- (antepasado tanto de los Neandertales como de los Homo Sapiens), encontrados en 1994, en el nivel 6 de la Gran Dolina (se encontraron 80 fósiles, con indicios de la práctica de canibalismo). También en Atapuerca en la Sima de los Huesos se han encontrado restos del homo Heidelbergensis, considerado antepasado del homo Neanderthalensis, con una edad de unos 230.000 años asociado a la cultura de bifaces achelenses.
Paleolítico medio: (250.000 – 35.000 a.C.) Aparece el Homo Neanderthalensis,  Clima frío, el hombre se refugia en cuevas. Restos encontrados: raederas, buriles etc. asociados a la cultura Musteriense con restos de Neandertales encontrados en Bañolas y Morín y los cráneos completos encontrados en la cantera Forbes y Devil´s Tower (Gibraltar).
Paleolítico superior: (35.000 – 8.000 a.C.). Hombre de Cro-Magnon (hombre moderno: homo sapiens-sapiens,  quien por tanto completa el proceso de hominización). Los restos más conocidos son los de la cueva del Parpalló (Valencia) y los de la cueva de El Castillo (Puente Viesgo, Cantabria), elabora objetos en hueso y asta (agujas de coser, arpones. Industria lítica más desarrollada: puntas de flecha de sílex, etc. Aparece el arte rupestre (escuela franco-cantábrica), destacando las pinturas de las cuevas de Altamira, Tito Bustillo, etc., perteneciente a la cultura Magdaleniense.





2.2.-LOS PUEBLOS PRERROMANOS. LAS COLONIZACIONES HISTÓRICAS: FENICIOS, GRIEGOS Y CARTAGINESES

En el primer milenio a C.  La Península Ibérica se convierte en un crisol de pueblos muy diversos que son el resultado de una serie de influencias culturales que se entrecruzan hasta la llegada de los romanos. Estas corrientes culturales que nos llegan se relacionan en primer lugar con los pueblos indoeuropeos (s. IX y s. VI a.C.)  cuyo legado más importante son los llamados Campos de Urnas que se desarrollan a lo largo de la zona catalano-levantina. Estos grupos también se relacionan con la llamada cultura del Vaso Campaniforme que en ocasiones ha llevado a mezclar esta influencia con la céltica  Estos pueblos entran por los Pirineos y se asientan en el centro-oeste y noroeste peninsular; la influencia céltica nos llega desde la Bretaña francesa y está íntimamente relacionada con la cultura de los Castros. En el área meridional y levantina de la Península lo hacen pueblos procedentes del Mediterráneo oriental (fenicios, griegos y cartagineses) que llegan atraídos por la riqueza minera peninsular. Éstos influyeron sobre los pueblos indígenas existentes en la zona, creando el complejo cultural íbero y Tartessos.

Los pueblos que se consolidan en el tapiz peninsular son:
Tartessos: Situados en el valle del Guadalquivir, alcanzan su esplendor en el siglo VII a.C. Tenían un sistema político muy desarrollado (rey Argantonio). Su principal actividad económica era la agricultura, ganadería y minería. Sus ritos, objetos y tecnologías denotan clara influencia oriental: utilizan el torno para fabricar cerámica de manera más rápida, aprenden cómo producir hierro y púrpura, mejoran la construcción de viviendas, adoptan prácticas funerarias orientales, los dioses fenicios se popularizaron Los restos más importantes son los tesoros de La Joya (Huelva) y el Carambolo (Sevilla) y destaca el yacimiento de la Aliseda (Cáceres). Su desaparición coincide con la llegada de los cartaginenses en el 500 a.C.

Cultura ibérica se extiende sobre los pueblos prerromanos del Valle del Guadalquivir, este de la Península, valle medio del Ebro e islas Baleares. Iberia era la palabra con que los griegos llamaban a la Península, e iberos a sus habitantes, pero los romanos redujeron estas palabras sólo para las zonas del este y sur peninsular, donde habitaban pueblos a los que consideraban más civilizados y pacíficos. Los pueblos de cultura ibéra tienen una economía agrícola. Son sociedades muy jerarquizadas, con un notable desarrollo urbano. Tienen una fuerte influencia griega y de otras culturas mediterráneas. Su lengua y alfabeto no es de origen indoeuropeo. Rinden culto a sus dioses en santuarios, donde se ha localizado numerosas estatuillas de piedra o bronce, (ofrendas o exvotos), incineran a sus muertos, aprecian los valores guerreros y heroicos. Santuarios como el del Cerro de los Santos (Albacete), esculturas como “La Dama de Elche”, La “Dama de Baza”, la “Bicha de Balazote”, junto con la abundante cerámica, son manifestaciones de esta cultura.

Cultura céltica y precéltica. En el resto de la península se asentaron poblaciones de orígenes indoeuropeo, procedentes del centro y norte de Europa, que conocían y dominaban la metalurgia del hierro. Viven fundamentalmente de la ganadería. Habitan en asentamiento fortificados (castros como el de Santa Tecla). Se extiende esta cultura celta y precelta por el noroeste de la Meseta y montañas del norte peninsular (vacceos, vetones, lusitanos, galaicos, astures, cántabros, vascones). Ofrecen resistencia a la ocupación y dominación de sus tierras por Roma. Los castros y las esculturas de animales (verracos, Toros de Guisando que son culturas esquemáticas de carácter protector) son las manifestaciones más significativas de la cultura celta.
 Los pueblos asentados en la franja oriental de la Submeseta norte: Arévacos (Valle del Duero, Soria y Palencia), Vetones (Ávila, Badajoz) tienen una mezcla de la cultura ibera y celta, denominándose a esta mezcla Cultura celtíbera. Mercenarios muy cotizados por su devoción al jefe, sentido del honor, de la hospitalidad y valentía en el combate. Salvajes y bárbaros, según los romanos, practican el bandolerismo sobre las tierras más ricas del sur o del este. Ofrecen dura residencia a la ocupación romana de sus territorios, la ciudad de Numancia (Soria) es uno de sus poblaciones más significativas.

Las colonizaciones históricas del primer milenio a.C.: Fenicios, griegos y cartagineses.
a) Los primeros en asentarse en el litoral peninsular fueron los fenicios:(Siglos IX al VII a.C.). Fundan Gades o Gadir (Cádiz), Malaca (Málaga) y Sexi (Almuñécar). Les interesa obtener metales y a cambio introducen manufacturas de lujo, productos exóticos y técnicas de interés para los indígenas. Su influencia se deja sentir sobre todos en el bajo Guadalquivir. Aquí ya  existe una cultura indígena importante, la cultura de Tartessos, que en contacto con los fenicios adquiere un alto nivel de desarrollo.
b) Aportación de los griegos: (Siglos VII y VI a.C.) Hacia el siglo VII a. C. comerciantes griegos fundan las colonias de Emporion (Ampurias) y Rhode (Rosas) en la costa noreste peninsular. Ampurias se convierte en el núcleo de expansión comercial de los griegos en Levante. Los griegos introducen junto con los fenicios el cultivo de la vid y el olivo y acuñan las primeras monedas.
c) A partir del siglo VI a. C., se produce el ascenso de Cartago (ciudad norteafricana de origen fenicio) como potencia hegemónica en el Mediterráneo, primero en lo económico y después en lo militar. Los cartagineses o “púnicos”, se enfrentan a los griegos, a lo pueblos nativos que se rebelan contra sus proyecto de dominación, y por último a Roma que pretende igualmente el dominio mediterráneo. Las ciudades fenicias se convierten en amigas, aliadas o asociadas de Cartago. Fundan algunas colonias nuevas en el sureste peninsular e Ibiza, y la más importante de todas, Cartago Nova (actual Cartagena). Además del interés por los metales, exportan salazones de pescado y garum o garo. Los generales cartagineses de la familia Barca (Almircar, Asdrúbal, Aníbal) usan la Península y las islas Baleares como plataforma económica y militar para luchar contra Roma durante la segunda guerra púnica (218 a d. c). Roma atacará a los cartagineses desde las colonias griegas. La derrota final de Aníbal supone el final del predomino cartaginés y el inicio de la ocupación romana de la Península, que se prolongará a lo largo de siete siglos.

2.3.-CONQUISTA Y ROMANIZACIÓN: LA PERVIVENCIA DEL LEGADO CULTURAL ROMANO EN LA CULTURA HISPÁNICA (S III a.C. al S VI d. C).

 Las etapas de la conquista de Hispania por Roma:
a) Roma suplanta a Cartago. Derrota de cartagineses e iberos (218-205 a.C.) El objetivo principal de los romanos cuando llegan a la Península en el año 218 a.C. es vencer a los cartagineses, empezando por cortar sus bases de aprovisionamiento de hombres y recursos. El
Senado romano envía tropas a Hispania (nombre con el que Roma denomina a la Península) dirigidas por generales del clan de los Escipiones, patricios romanos partidarios de la lucha contra Cartago. Tarraco (Tarragona) será su base de operaciones. Tras años de dura lucha, con avances y retrocesos, Publio Cornelio Escipión consigue ocupar Cartago Nova (209 a. C) y atraer hacia la causa romana a influyentes caudillos íberos como Indíbil y Mandonio. La derrota definitiva del general cartaginés, Aníbal, en el norte de África (batalla de Zama), da fin a la II Guerra púnica. A partir de este momento la presencia militar romana en la Península Ibérica, hasta ahora temporal, se convierte en permanente. Tras sofocar una rebelión de tribus iberas dirigidas por sus antiguos aliados, Indíbil y Mandonio, las zonas más ricas y evolucionadas de la península (este y sur) pasan a estar bajo el dominio de Roma. Todo este territorio queda dividido en dos provincias: la ulterior (la más alejada de Roma) comprende las tierras bañadas por el río Betis (Guadalquivir), la citerior (la más cercana a Roma) comprende la costa este y  las Islas Baleares. Roma busca recaudar tributos entre las poblaciones íberas y explotar sus recursos (minerales, víveres, plata, tropas auxiliares). Las rebeliones de las poblaciones íberas contra Roma eran bastante frecuentes.
b) El sometimiento del interior. La meseta. (205-133 a. C.) Los pueblos del interior peninsular, celtas o celtíberos, siguen practicando actos de bandidaje contra las poblaciones ricas de las regiones costeras del este y sur peninsular ocupadas por Roma. Para impedirlo los romanos realizan continuas campañas militares, aunque mal organizadas, contra estos pueblos del interior de la meseta, de donde pretender también obtener oro, plata y esclavos. Los dos episodios más importantes de este proceso de dominación del interior peninsular son las guerras lusitanas (155-136 a. C.) y las guerras celtibéricas (153-133 a. C.), que coinciden en el tiempo pero no forman parte de ningún plan común de resistencia indígena. Durante años los romanos no consiguen derrotar a los lusitanos, dirigidos por su caudillo Viriato, buen conocedor de las tácticas militares romanas, y experto en la guerra de guerrillas, sólo la traición de sus propios compañeros, sobornados por Roma acaba con su vida y pone fin a la resistencia lusitana. La lucha de los celtíberos frente a Roma es aún más dura, la hostilidad de los indígenas y la incapacidad de los militares romanos, hace imposible la toma de ciudades bien fortificadas como Numancia (Soria). La toma definitiva de Numancia se produce tras una larga campaña de asedio y ocupación, dirigida por el general romano Escisión Emiliano, la ciudad capitula por hambre, aunque muchos de sus defensores se suicidan antes que entregarse. Tras estas guerras de resistencia, la mayor parte de la Hispania peninsular pasa a manos romanas.
c) El sometimiento de las montañas del norte (29-19 a. C.) Las guerra civiles que estallan en Roma en el siglo I a.C. terminan con el triunfo de Octavio, hijo adoptivo de Julio Cesar, que a partir del 31 a. C queda como único soberano del Imperio, recibiendo el sobrenombre de Augusto. La República romana desaparece, y da paso al Imperio, donde el poder se concentra en unas solas manos, las del emperador. Augusto completa la conquista romana de Hispania, con una campaña contra los galaicos, astures y cántabros del norte peninsular, que él mismo inicia y concluye el general Agripa, los cántabros son los que más se resisten a la dominación romana de sus territorios. En el año 19 a.C. la Conquista de Hispania ha concluido.

La romanización de la Península Ibérica:
Proceso histórico por el cual la población indígena asimila los modos de vida romanos en diversas facetas: administración territorial, la urbanización y obras públicas, estructuras económicas y sociales, el derecho, la cultura, la religión. Este proceso de integración cultural de los indígenas no es igual en el tiempo ni en el espacio, es más intenso a partir del S I a. C, y en el litoral mediterráneo, tanto en el este como en el sur e islas Baleare y menos intento en el interior en el norte y noroeste.

a) La Administración romana de Hispania: Roma divide el territorio en provincias. A lo largo de los siglos esta división provincial sufre cambios, diferenciándose tres etapas. Durante la
República (desde 197 a. C. hasta el siglo I a. C.) el territorio se divide en dos provincias citerior
y ulterior, gobernadas por un pretor con mando militar, es un tiempo de conquista y se busca combatir y derrotar a los enemigos. Durante el Alto Imperio (siglos I-III d. C.) se mantiene la división hecha por Octavio Augusto de 3 provincias (Tarraconense (Tarraco), Lusitania (Emerita Augusta) y Bética (Córduba); el número de tropas disminuye. En el Bajo Imperio (siglos III-V d. C.) Hispania se convierte en una diócesis que abarca siete provincias, Bética y Lusitania permanecen como antes y la Tarraconense se divide en Tarraconense, Gallaecia con capital en Brácara Augusta, Cartaginense (cap en Cartago Nova = Cartagena), a estas cinco peninsulares, se suman otras dos, Baleares (Palma) y Mauritania Tingitana (Tingis= Tanger), los gobernadores de estas provincias no tienen mando militar, actúan de jueces y recaudadores
.
b) Las ciudades y sus tipos. Las obras públicas: La ciudad es la unidad administrativa básica del mundo romano y el principal instrumento de romanización para los territorios conquistados.
Una parte de las ciudades romanas son de nueva creación, las colonias, donde se asientan ciudadanos procedentes de Roma o de Italia y soldados veteranos licenciados para que sirvan de modelo al resto de habitantes del entorno. Otra parte son ciudades indígenas ya existentes que pasan a ser municipios, con un régimen jurídico similar al romano, son ciudades que han colaborado con Roma durante la conquista, o donde residen inmigrantes romanos. El resto de las ciudades indígenas pagan un estipendio o impuesto a Roma a cambio de respetar su administración propia (ciudades estipendiarías), pero incluso en estas se van adoptando las costumbres romanas.
Las nuevas ciudades siguen el modelo de Roma, en su gobierno interno y en su estructura. En la ordenación de una ciudad se combina lo funcional con lo monumental, su plano es una cuadrícula con dos grandes ejes, centrales, el cardo o eje norte –sur y el decumanus o eje este oeste, el espacio en que se cruzan los dos ejes urbanos es el lugar del foro o centro urbano, donde se sitúan sus edificios públicos más representativos (basílica, curia, tabularium o archivo, templos y tiendas), cerca del foro están las termas y en la zona exterior están las necrópolis y edificios para el ocio (teatros, anfiteatros y circos), la ciudad se rodea de una muralla,. En los accesos a las ciudades se levantan monumentos conmemorativos como los arcos de triunfo, disponen de infraestructuras de comunicación (puentes, calzadas, puertos y faros) y sanitarias (red de cloacas, acueductos y cisternas).
Las ciudades están comunicadas entre sí por una red de vías o calzadas, diseñada fundamentalmente por el emperador Octavio y completada por otros emperadores. Las calzadas sirven en primer lugar para facilitar el desplazamiento de las legiones, pero además contribuyen a dinamizar la vida económica y a unificar el Imperio. Las principales calzadas romanas de la P. Ibérica tienen un trazado periférico en torno a la Meseta, la Vía Augusta recorre el litoral mediterráneo, la Vía de la Plata asciende desde el Guadalquivir hacia las zonas mineras del norte, la Vía del Norte comunica Braga con Astúrica y con Tarraco. Estas calzadas se mantienen en uso a lo largo de siglos posteriores.

c) Las estructuras económicas y sociales: El sistema productivo del mundo romano se basa en la utilización de los esclavos como fuerza de trabajo. Los romanos intensifican y amplían la explotación de los recursos, especialmente los metales. Explotan intensamente las minas de plata, oro, plomo, hierro, cobre, estaño y mercurio. A partir del siglo I, el oro se obtiene en la minas del Noroeste (Las Médulas). Aumentan la producción y exportación de vino, aceite de oliva y trigo. Se exportan también salazones y garum, se intensifica la explotación de salinas y la fabricación cerámica A partir del S I se van generalizando un tipo de explotaciones agrarias de grandes dimensiones o latifundios, conocidas como villas romanas, constan de una zona edificada y alrededor los campos de cultivos, entre sus edificios se diferencia, una parte lujosa (zona urbana) donde reside el propietario y su familia y otra parte más humilde para los esclavos y trabajadores (zona rústica), además de las instalaciones para almacén y transformación de los productos agrícolas y ganaderos. En torno a todo este núcleo edificado se disponen los campos de cultivo. Durante el Bajo Imperio, las villas se transforman en centros de poder en las zonas rurales. Al lado de estos grandes centros productivos que son las villas, cuya producción se orienta hacia el mercado, la mayoría de población indígena practica una economía agrícola y ganadera de subsistencia que se completa con la recolección, la caza y la pesca.
La sociedad hispana se ordena de acuerdo con la situación jurídica: existe una minoría de colonos romanos e itálicos, con plenos derechos políticos y sociales; unas élites indígenas que imitan las costumbres romanas y su estructura patriarcal, en el S I pasarán a convertirse en ciudadanos romanos de pleno derecho; los indígenas libres están en la base de la sociedad; por debajo de todos los anteriores están los libertos (esclavos liberados que siguen dependiendo del señor y los esclavos, que son la base del sistema productivo.

d) El legado cultural y su pervivencia. Latinización y cristianización: Además de los numerosos restos materiales que se conservan (construcciones, pinturas, esculturas), el legado cultural romano suma otros elementos no materiales, igualmente valiosos para la cultura occidental (el derecho romano, la religión, la ciencia y una lengua común). El latín, es la lengua utilizada en el derecho, la ciencia y la cultura, se extenderá a todas la sociedad hispánica a partir del S III. En el S I hay grandes aportaciones hispánicas a la literatura clásica, a través de los textos de Séneca, Lucano, Marcial, Quintiliano, Pomponio Mela, Columela. Los romanos respetan las creencias religiosas locales, siempre que no vayan en contra de sus intereses, durante el Imperio se impone el culto al emperador. A partir del S I llegan cultos religiosos procedentes del oriente mediterráneo, el cristianismo entre ellos, su negativa a participar en el culto al emperador convierte a los cristianos en enemigos de Roma, muchos cristianos mueren por esta causa, siendo considerados mártires. En el siglo IV la religión cristiana deja de estar perseguida, los emperadores Constantino y Teodosio la convierten en la religión oficial del estado romano, dándole privilegios y prohibiendo la práctica pública o privada de otros cultos.
Su poder crece y se convierte en el mayor vehículo de latinización de la sociedad hispánica, adopta la misma organización territorial en diócesis y provincias que tiene el Imperio. Dentro del cristianismo surgen sectas con doctrinas contrarias a las de la Iglesia oficial romana. En el siglo IV se extiende por Galicia y Lusitania el priscilianismo, que defiende una religiosidad muy rigurosa, el libre examen de los textos religiosos, la igualdad entre hombre y mujeres, su impulsor, el obispo Prisiciliano, fue desterrado y más tarde ejecutado por sus doctrinas.

2.4.- LAS INVASIONES BÁRBARAS. EL REINO VISIGODO: INSTITUCIONES Y CULTURA
 Como consecuencia de los cambios producidos en el interior del Imperio Romano tras la crisis del siglo III, las autoridades se ven incapaces de mantener el orden con sus ejércitos y deben recurrir a mercenarios bárbaros, palabra con la que los romanos identifican a todos aquellos que están fuera de sus fronteras. A partir del S V, la mitad occidental del Imperio, incluida la Península Ibérica pasa a estar controlada por estos pueblos bárbaros. En el 409 grupos de Suevos, Alanos y Vándalos, penetran el la P. Ibérica y se instalan en el oeste y el sur peninsular, aprovechando para consolidarse la existencia de grupos de bandoleros= bagaudas que saqueaban las tierras, víctimas del hambre y la desesperación. En el 416, otro pueblo germánico/bárbaro, los visigodos, por acuerdo con los emperadores romanos, se instala en el sur de las Galias, con el objetivo de expulsar a los invasores germánicos de la P.Ibérica.
Los visigodos establecieron su reino en la Península durante el siglo VI, situando su capital en Toledo. Es importante destacar que son una minoría (200.000), frente a los 4 o 5 millones de hispano-romanos y eso condicionará su política. Leovigildo conquista el reino suevo y sus sucesores, los enclaves costeros ocupados por los bizantinos. Únicamente los pueblos montañeses del norte escapan a su control y viven prácticamente independientes.
Organización política. Las instituciones. Para que el Estado visigodo se consolidase es necesario aglutinar a godos e hispanorromanos, en torno a una monarquía fuerte, instituciones  sólidas, un derecho unificado, una misma religión. Los visigodos, los más latinizados dentro de  los bárbaros, se sirven de la organización administrativa hispanorromana ya existente, así como  de sus instituciones, legislación y creencias religiosas.
Órganos del poder central: Un estado centralizado, al frente un rey, elegido de entre los nobles godos (monarquía electiva), con amplios poderes, legislativos, ejecutivos y judiciales.  Adoptan los atributos y ceremonial de los emperadores romanos. Este sistema de transmisión del poder real por elección es un foco de continuos enfrentamientos y revueltas. Aquellos monarcas que consiguen controlar a la nobleza goda e imponer su autoridad, logran convertir en reyes a sus hijos, pero el sistema de transmisión hereditaria del poder real no se llega a establecer.
La monarquía gobierna con la ayuda del Officium Palatinum (que tiene funciones legislativas y de gobierno). Éste consta del  Aula regia, constituida por nobles, de confianza del monarca, tiene tareas de  asesoramiento para elaborar las leyes, administrar justicia y en asuntos políticos y militares y los concilios son asambleas eclesiásticas, pero desde la unificación religiosa se convierten también en asambleas con potestad legislativa, que preside el rey.
Chindasvinto y Recesvinto reunieron en el Liber Iudiciorum (Fuero Juzgo) un derecho territorial único para todos. Lo que implicó la unificación política.
• Unificación religiosa: Los visigodos eran cristianos arrianos cuando se establecen en Hispania, El rey Leovigildo fracasa al imponer el arrianismo sobre la mayoría hispanorromana. Recaredo I se convierte al catolicismo en el III Concilio de Toledo (589), y  con él todos los godos. Desde ese momento, la Iglesia católica hispánica adquiere un carácter unitario y nacional dentro de Estado visigodo, se somete al poder político, colabora estrechamente con los monarcas visigodos y adquiere un enorme poder e influencia.
c) Legado cultural. El estado visigodo sirve de puente cultural entre la cultura hispanorromana y la de los reinos cristianos medievales. La Iglesia es la depositaria y transmisora de la cultura latina. Los eclesiásticos controlan la cultura y la enseñanza de las letras, entre estos destaca la figura de Isidoro de Sevilla, autor de las Etimologías, una recopilación enciclopédica de todas las ramas del saber de la época, que tendrá una gran influencia en la cultura medieval posterior.
d) El final del reino de Toledo: A fines del S VII, el reino visigodo está en proceso de desintegración. Dos poderosas familias de la nobleza goda se disputan el poder real: la de Chindasvisto y la de Wamba. El Islam aparece en el Mediterráneo, domina el norte de África, e interviene en la Península Ibérica apoyando a la nobleza goda frente al rey D. Rodrigo, al que vence en Guadalete, dando comienzo a la ocupación y conquista musulmana de la Península Ibérica.
JV

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