domingo, 6 de diciembre de 2009

Arte Sacro en Tordesillas, Museo de San Antolín Parte II: Iconografía mariana

El papel de la Virgen María en la teología católica juega un papel esencial. De este modo la figura de María es tratada en sus diferentes vertientes –Anunciación, Visitación, Piedad, Desposorios, Natividad, Sagrada Familia y un largo etc.-.

En este pequeño museo de San Antolín en Tordesillas, hemos encontrado al menos cuatro interesantes piezas tratando diferentes visiones de la Virgen, que muestran esta iconografía mariana.
En primer lugar trataremos es tema de la Piedad. Esta temática ha dado magníficas obras de tarde, entre las que destaca la Piedad de Miguel Ángel que se puede admirar en San Pedro del Vaticano. Una más modesta aparece en este museo castellano, con una gran fuerza trágica en la representación de la escena, conforme a los gustos de la escuela hispanoflamenca del siglo XVI y que algunos vinculan con el estilo del maestro de San Pablo de la Moraleja en Valladolid.  Sobre la Piedad, dicen los que más saben:  Creación germana de la Baja Edad Media (en torno al XIV, según Yarza) parte de un apócrifo que une nacimiento y muerte de Jesús en torno a María (Ella, al nacer el hijo y tenerlo entre sus brazos, es consciente de su futura pasión). Lo mantiene en su regazo, ya muerto, con una gran desproporción (Cristo es menor, por el recuerdo de su infancia).



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En este museo la virgen también aparece en una de sus facetas iconográficas, más genéricas: como María Madre de la Misericordia y de la Piedad, acogiendo y protegiendo bajo su manto a guerreros y eclesiásticos, de la ira de Dios que les ha lanzado flechas que ella coge en sus manos. En este caso el icono es literal frente a otras más teóricas. Nos comenta Vicente -sin duda un experto- que esta temática, nace en torno a las órdenes mendicantes. La Virgen, con un tamaño gigantesco -fijaros en la figura de Piero de la Francesca-, pues es concebido como madre de Dios, alberga dentro de su manto a las distintas órdenes. Entronca también con su  carácter de intercesión ante Dios.





Pero sin duda la imagen más bella, es esta exquisita Inmaculada de Pedro de Mena, de líneas sublimes, con un trabajo excepcional en los ropajes y de gran belleza en su rostro. En la talla debemos destacar el trabajo de su cabello, donde el detalle de sus rizos y melena resultan táctiles, aportando un gran realismo que denota un dominio de la técnica casi perfecto por parte del maestro granadino.


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Por último un pequeño cuadro de gran calidad técnica, que plantea los esponsales de la Virgen. La propia estructura del cuadro, salvando todas las distancias, nos recuerda la obra de Rafael, con la perspectiva caballera que iniciándose en el suelo se prolonga hacia la pequeña arquitectura que vemos al fondo, con la escena principal en primer plano. En la forma de abordar el tema hombres y mujeres separados, el templo al fondo enmarcado por el ventanal que se culmina con talaje donde unos puti flanquean la imagen iconográfica del Espíritu Santo. Si nos fijamos en el color la virgen mezcla tres: el blanco, color de la vida nueva que traerá María vinculado a la resurreción. El azul, simboliza desde antiguo a la divinidad remarcando su carácter sagrado con el rosa, muchas veces simbolo de María. La forma de bendición es occidental - con dos dedos- pese a que el atuendo del oficiante tenga reminiscencias orientales.



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Fotos JV


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