domingo, 31 de enero de 2010

La sexualidad, épocas y culturas

¿Se puede alcanzar la inmortalidad a través de las prácticas sexuales? ¿Cuál es la relación entre espiritualidad y sexualidad?, estas preguntas que pueden resultar, cuando menos curiosas, aparecen de forma recurrente en artículos de prensa, analizadas desde perspectivas históricas, culturales y artísticas bien distintas.
Hoy, por ejemplo, termina en el Museo Thyssen, la exposición: “Las Lágrimas de Eros”, donde amor y muerte se dan la mano. Este evento de masas, aborda temas complejos como la agonía para expresar el clímax amoroso que puede llevar a caminos de éxtasis espiritual: ¿asumimos la mística como una forma de trascendencia?
La sexualidad y su tragedia trascendente han sido una constante histórica. Románticos y Barrocos vieron la potencialidad de la sexualidad como vía de perduración. Una lectura posible es la de Bataille, “el erotismo es objeto de un tabú, de una prohibición que ilumina lo prohibido, con una luz a la vez siniestra y divina”. Podemos inferir que sexo y religión no parecen conceptos tan antagónicos: La sacralización de la virginidad (las vestales). Los mitos eróticos que inundan el panteón griego e incluso algún monumento medieval dedicado a la lujuria, como castigo, aunque a veces las representaciones y su reiteración inciten a plantear otras teorías sobre la función de este arte, son ejemplos muy ilustrativos.
Este peso de la sexualidad en la historia de lo religioso está recogido, en una esplendida exposición, que se celebra estos días en Atenas. En este caso el ámbito expositivo es más amplio pero no deja de resultar interesante la referencia a deidades, relacionadas con la sexualidad, para dar empaque a la muestra. El erotismo en Grecia y Roma es el leitmotiv de la muestra.
No obstante es la propuesta del Viajero, en el País, la noticia más sugerente. En ella se plantea directamente la trascendencia a través del dominio de las técnicas sexuales, como una suerte de camino de perfección hasta llegar a la divinidad. Estos templos hindúes y su cronología, plantean la posibilidad de establecer relaciones con una determinada iconografía medieval en Europa. La conexión Cervatos-Khajuraho resulta evocadora y permite reflexionar: dos culturas tan distintas, en principio, se sirven de un mismo tema iconográfico para decorar profusamente sus templos con unos relieves inequívocamente eróticos, donde los temas divinos y humanos se mezclan en una orgía escultórica que los historiadores del arte han descrito como libros en piedra para formar a los ingenuos creyentes.
Bien distinta es la aportación que los traslada a la mística postmoderna, donde lo artificial y robótico, sustituye a la piedra como panacea de explicación del deleite sexual. Se busca aquí la perfección de una espiritualidad interior y moderna que se reconstruye en el espacio cibernético de la inteligencia artificial. Son ahora los técnicos en músculos robóticos, los artistas que con sus obras los hacen trascender hacia un nuevo tipo de relaciones que necesitan de nuevas referencias morales, quizás aún en formación. Me surgen ante esto algunas preguntas ¿Cómo explicaran los historiadores del mañana las relaciones humano-robot? ¿Cuál será la valoración artística o metafísica de estos androides? ¿Los códigos de roboética explicaran el sentido espiritual de estas relaciones? Sin duda, continuará
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