miércoles, 12 de agosto de 2009

Burgo de Osma y Medinacelli: epílogo de nuestra escapada por tierras sorianas.

Plaza de la Catedral en Burgo de Osma
El Burgo de Osma tiene para mí sabor a recuerdos y relación con una serie de lugares que de alguna forma han marcado mi pequeña historia. Entre los recuerdos, alguno se remonta a mediados de los años noventa, cuando junto con unos amigos descubrimos unas fantásticas y pantagruélicas jornadas gastronómicas, donde por "5000 pelas" te comías 35 platos y siete postres regados con un vino de la casa en honor de ese, a veces, tan poco apreciado animal: el cerdo. Ayer y hoy, desde Diciembre a Marzo, el Hotel el Virrey os deleitará con uno de los muchos placeres que esconde este burgo amurallado que fue clave en la consolidación poblacional de los extremos históricos del avance cristiano hacia el sur.
Otra nostalgia vinculada al Burgo es la magnífica exposición celebrada en 1997 de las Edades del Hombre que visité. No tuvo nada que envidiar a las cinco precedentes entre la cuales me gustaría destacar: la León dedicada a la música, la de Burgos dedicada a libros y documentos -que supuso la apertura tras su restauración de su bello claustro en 1990-, la palentina por mi relación especial con esta tierra, dedicada a la memoria y sus esplendores. y la Salmantina que nos acercó a el contrapunto y su mirada. Estas exposiciones fueron durante varios años la excusa perfecta para conocer esas esplendidas tierras castellano leonesas y su entorno.
En el Burgo, ya conocido por su excelencias gastronómicas y naturales, tuvimos una vez más la oportunidad de conocer su variada gama de monumentos y lugares de interés muy cercanos de los cuales ahora os hablaré.
Visitar el Burgo para mi significa la necesidad de darse un vuelta por lugares tan bellos como la Fortaleza Califal de Gormaz, donde el viento y su rumor se convierten en protagonistas, al ser la base para que las aves planeen sobre tu cabeza, mientras disfrutas de uno de los más grandes recintos amurallados de época islámica en la Península Ibérica. Otra parada obligada el la magnífica iglesia mozárabe de San Baudelio de Berlanga, cuya estructura y pintura son de una belleza difícil de olvidar. El trio se cierra con la fortaleza de Berlanga de Duero, otra joya de la provincia que conviene no pasar por alto.
Vinculado inexcusablemente al Burgo está uno de esos lugares mágicos que ha labrado la naturaleza, el Cañón del Río Lobos, al que llegamos siguiendo el curso del Ucero, disfrutando de un paisaje donde naturaleza e historia se dan la mano:
Castillo de Ucero (Siglo XII) Pliegue sobre el Río Ucero
Unión entre el Río Ucero y el Río Lobos

El Cañón del Río Lobos me trae recuerdos de la facultad donde cada excursión suponía un nuevo hito es la aventura de conocer nuestro país y nuestra historia. Aquí la impresionante fuerza de la naturaleza se une al quehacer de las Ordenes Militares en la consolidación espacial del poder feudal en la Península, las vinculaciones Templarias y Calatravas del castillo de Ucero y de la ermita -que culmina el paseo por el cañón- resultan muy ilustrativas de esta realidad. En el Cañón es posible hacer una pequeña prospección de un precioso abrigo que se dilata en cuevas y disfrutar de una coqueta ermita, tras bajar de sus cortados. Una sugerente propuesta de fin de semana.

Cañón del Rio Lobos

Al regresar de tierras sorianas nuestra última parada nos llevo, a otra antigua conocida, la villa de Medinacelli, su nombre de clara tradición islámica no puede hacernos olvidar que su ocupación fue bastante anterior en época romana como lo atestigua el Arco que aún conserva y donde además de disfrutar de los encantos de cualquier villa castellana es posible degustar las rosquillas y dulces de las Hermanas Clarisas del Convento de Santa Isabel.

Unas imagenes de la localidad ilustran su interés y la belleza de sus rincones, haciendo bueno su eslogan promocional: este es un seductor cruce de caminos.

Arco Romano de Medinaceli

La llamada puerta Árabe Plaza de Medinaceli
La alhóndiga Detalle de los soportales
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