sábado, 8 de agosto de 2009

"La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina" Stieg Larsson

Seguimos con nuestro verano lector, si bien debo afirmar que esta segunda entrega de nuestro sueco de moda me ha gustado menos, es más previsible y aborda lugares comunes y algún toque de película poco creíble, con zombies desenterrados y un simulacro de Viernes 13 con sangre por todas partes, además de herramientas peculiares vinculadas al ketchup a borbotones.
En ocasiones, las descripciones publicitarias de mobiliario modular y barato, resultan innecesarias, máxime cuando el desenlace se acerca, aunque visto el final casi mejor dedicarse a la descripción de pisos de lujo en Estocolmo.
Estaba claro que había que dejar la tensión alta para vender en masa la tercera entrega que esperemos vuelva por los cauces de la primera.
Es una novela que engancha y que te hace leer con compulsión. Pese a todo me quedo con tres imágenes que me han interesado sobremanera, en cierto sentido explican esa necesidad de una lectura intensa para descubrir un mal final. En este sentido: el prologo se explica y entiende en las páginas 653 y siguientes, con sorpresa. La impresión inicial que alguien vinculará con realidades actuales, se refiere a una situación histórica de Salander.
Sin embargo para mi, lo mejor ha estado en el "rollo" matemático que si bien como hilo conductor resulta poco consistente y más una anécdota que una estructura argumental, me ha hecho buscar información sobre el "El Ultimo Teorema de Fermat" . Esa ecuación que ve tan clara Salander cuando se dice: "Y de pronto Lisbeth lo comprendió. La respuesta fue de una sencillez que la desarmó por completo. Un juego de cifras que se alineaban en serie y, de súbito, se colocaron en su sitio formando una fórmula que más bien debía verse como un jeroglífico". Los trabajos de Wiles, Euler, Taniyama, Shimura, Germain, Frey y Ribet, grandes matemáticos, resumidos en cinco líneas, impresionante: chica lista -merecería un capítulo de Numbers-.
En fin un libro recomendable, aunque la confianza en el "Estado", según lo entienden los salvapatrias, quedará un poco erosionada y desde luego ¡¡¡cuidadito con los ordenadores¡¡¡, si lo dicho aquí tiene algo de cierto nuestros sistemas informáticos son un juguete en manos de los hackers.
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