domingo, 2 de agosto de 2009

"Maestros Antiguos" de Thomas Bernhard

El hombre de la Barba Blanca de Tintoretto.
El planteamiento existencialista subyacente en este libro, sugiere una negatividad ante toda forma de cultura y expresión humana, contra la que uno no puede por menos que reaccionar. Va más allá de la critica, plantea una existencia absurda donde profundizar en el arte, la música, la filosofía o la literatura te lleva inexcusablemente a negar cualquier genialidad en cualquier individuo (incluidos los Maestros Antiguos: Mozart, Giotto, Velázquez, Nietzsche, Mahler). Su extensa lista tiene contadas excepciones Schopenhauer, Goya. Entre estas ultimas destaca Novalis precursor del Romanticismo en Alemania, aunque esta referencia dé cierta incoherencia al relato antiromántico de Reger, protagonista de la obra.
Es la reflexión de alguien que viene de casi todo, cuando para mi el secreto de la vida es ir siempre hasta el final.
Su ataque hacia lo que representa Austria es demoledor: critica sus retretes y falta de higiene de la población( pág. 104 y ss), sus museos, su sistema educativo (en especial págs. 34 y 35), las ciudades y regiones. Situando al Estado "nacional-socialista-católico"( págs. 36, 38 y ss) en su punto de mira más incisivo: pág 16.. "El genio y Austria no se llevan bien...En Austria hay que ser una mediocridad para tener derecho a hablar....". Esto explicaría las duras criticas que
recibió en su país de adopción. La obra denota muchas de las fobias del propio Thomas Bernhard, un niño con una grave enfermedad, practicamente abandonado por sus progenitores, educado en un internado de marcado carácter católico, donde recibió una formación musical (Reger es un melómano, quien considera la infancia un infierno).
No faltan interesantes reflexiones: pág. 29 "Solamente cuando, una y otra vez, nos hemos dado cuenta de que el todo y lo perfecto no existen, tenemos la posibilidad de seguir viviendo", esta negación de la verdad absoluta como axioma vital es lo que lleva al hombre a siempre buscar, a indagar, para que una vez encontrados los "defectos" de la humanidad (pág.30), seamos capaces de mejorarla. Ciertamente como dice Reger, amamos la filosofía y las ciencias del espíritu por que no son perfectas sino desvalidas. Entendiendo por desvalidas la posibilidad que aún tenemos de mejorar nuestro conocimiento del yo metafísico, transcendente. Es por esto por lo que discrepo de la reflexión recogida en la página 180; para mí "nuestra caja fuerte intelectual" nunca te deja sólo, sino bien al contrario es el mecanismo que te permite superar los momentos más críticos en tu experiencia vital.
El autor se hace una pregunta que también resulta muy estimulante: pág. 42 ¿Por qué pintan los pintores si existe la naturaleza?. Esto me lleva a una reflexión que muchas veces me surge al intentar captar una imagen con mi cámara, siendo consciente de que nunca podré reproducir lo que siento, ni lo que veo, pero asumiendo que he atrapado un segundo de ese paisaje que me ha fascinado y que cuando lo vea en mi ordenador seré capaz de volver allí. Es por eso, que pintan los pintores y escriben los poetas por que han captado un instante, que no reproduce la naturaleza cambiante, sino su instante de placer.
En otros casos los planteamientos de Bernhard, me parecen de lo más acertados él afirma: "la verdadera inteligencia no conoce la admiración, respeta, toma nota, estima (pág. 78). " La admiración es más fácil que el respeto, que la estima; la admiración es propia del tonto. El inteligente no admira sino que respeta, estima y comprende....el que admira no comprende" (pág. 79).
Por último plantea una reflexión final que siempre ha formado parte de mi forma de entender las relaciones humanas, cuestiona la soledad como forma de "estar" del individuo, él dice "Aborrecemos a los hombres y, si embargo, queremos estar con ellos, porque solo con los hombres y entre ellos tenemos la oportunidad de seguir viviendo y no volvernos locos" (pág. 181).
Es un libro provocador que te muestra la decadencia de la otrora capital imperial, permitiéndote también pasear por sus calles, recordar como degustabas una sacher torte, trás pasear por los Graben, donde el barroco vienes de sus iglesias y monumentos resulta algo aterrador. Pero también por los edificios de la Secesión donde se destaca el hospital Steinhof (pág. 130), gran obra de Otto Wagner.
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