martes, 16 de junio de 2009

ESOS SOLDADOS INVISIBLES.... LOS GÉRMENES.

Estos días nos vemos rodeados de informaciones acerca de la Gripe A, que, proveniente de México, se ha extendido por todo el mundo, hasta el punto de ser declarada pandemia. Es decir, que no se limita a un grupo de países, y que cualquiera puede infectarse en cualquier parte del mundo. El hecho de que esta gripe sea una cepa distinta de la nuestra habitual, y que provenga del ganado porcino, del que ha pasado a los humanos, me ha llevado a interesarme por algunas otras relaciones interesantes que se pueden extraer de la relación entre los hombres y el ganado. Hemos crecido estudiando que los españoles que llegaron en el siglo XVI a América realizaron hechos militares heroicos, pues con unos pocos hombres consiguieron dominar un extenso territorio, lo que les valió el nombre de conquistadores. Pero en el ejército español viajaba un enemigo mucho más peligroso que cualquier espada: los gérmenes patógenos. Los españoles transmitieron el sarampión, la viruela, la gripe, la varicela mucho más rápido que llegaban, al entrar en contacto con el enemigo. Como las poblaciones de indígenas no habían estado nunca expuestas a estos gérmenes, sucumbían en gran número, mientras que a los europeos no les afectaba. Cuando me enteré de esta explicación, me surgieron dos cuestiones que no tenían respuesta en el libro de historia. La primera ¿Por qué estas enfermedades venían del Viejo Mundo? Y después. ¿Por qué los nativos americanos no transmitieron otras enfermedades infecciosas a los europeos, que estos no conocieran, y así hubieran acabado con ellos? La respuesta a las dos está muy relacionada, y me parece interesante: todo se traduce en aglomeraciones humanas y en animales domésticos. Veamos cómo. Los europeos vivían en un espacio geográfico formado por un continente en constante comunicación con otros dos. Si nos fijamos en el Mediterráneo, vemos que es un medio de contacto entre las poblaciones de Asia, Norte de África y Europa. Esto quiere decir, que cualquier enfermedad nacida, por ejemplo en Oriente, se transmitiría en pocos meses al otro extremo del mar, a través de las rutas de los marineros. Esto fue lo que ocurrió con la peste negra, en 1348. Esta peste transmitida por la rata negra, viajó en los navíos que traían productos de Oriente, y, a través de la escala en puertos mediterráneos, se contagió toda Europa. Naturalmente, se conocían muchas enfermedades y, a pesar de lo escaso de los avances en medicina, los que lograban sobrevivir se puede decir que eran los más fuertes, los que habían conseguido que su cuerpo produjera la resistencia al gerrmen. De esta forma, cuando Pizarro, Guerrero, o Cortés pisaron el continente americano con sus hombres, ya estaban inmunizados. Sus cuerpos conocían y eran resistentes a una gran cantidad de enfermedades infectocontagiosas. Por el contrario las sociedades americanas no. Para empezar, no vivían en grandes aglomeraciones humanas, y sobre todo, estaban aisladas por la Geografía. Expliquemos esto. Si observamos el mapa de México, la situación del imperio Azteca, y del Inca, en Perú, los dos eran las principales concentraciones humanas, pero están separados por kilómetros de selva tropical, además de no poder “adivinar” la existencia del otro por carecer de un mar en común. No se desarrollaron, por tanto intercambios comerciales que permitieran contactos entre ellos, y esta situación de aislamiento perjudicó la variedad de su defensa contra infecciones. Pero eso no explica las preguntas que se habían planteado: ¿y por qué no había enfermedades infecciosas que transmitir a los españoles? No es que la disentería o la malaria no causasen bajas, pero estas enfermedades ya existían en Europa. Aquí volvemos a nuestra actual gripe A. Las enfermedades más infecciosas que conocemos surgieron de una cepa de un virus que infectaba al ganado doméstico, y de allí se pasó a los humanos. Como los contactos entre hombres y su ganado se remontan a la domesticación surgida en Mesopotamia hace unos 10.000 años, se puede decir que los seres humanos que han tenido contacto con ellos han tenido tiempo para desarrollar una resistencia. Por ejemplo, el sarampión proviene del ganado bovino, así como la viruela o la tuberculosis. Y la propia gripe fue en su origen una enfermedad de los cerdos y los patos. Todos estos animales vivían en el ámbito humano en Europa, Asia o África, pero no en América, por lo que no pudieron nunca conocer estas enfermedades ni inmunizarse. Es por ello que murieron en grandes cantidades. Con el tiempo, las nuevas generaciones desarrollaron resistencia contra ello, pero el mito de la superioridad europea, que los hacía inmunes a plagas de las que morían los demás siguió creciendo en la memoria colectiva, siendo los gobernantes los más interesados en difundirlo. Por tanto la gripe A no ha cambiado nada las cosas: se transmite mejor en aglomeraciones, y se difunde más rápido cuanto mejor estén comunicados los grupos humanos. Así que cumplimos todas las características para que se haya convertido en Pandemia. Sin duda los nuevos seres superiores somos aquellos que, por vivir en el primer mundo, tenemos los medios para sobrevivir. Y como en el siglo XVI, la consideración de ser superior nada tiene que ver con los méritos personales de los supervivientes.
Ana Molinero Morales
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